Parece que por fin la vida de Marco Didio Falco va a entrar en una época de desahogo económico e incluso de prosperidad, pues se ha puesto al servicio del emperador Vespasiano como agente tributario con amplios poderes y un sueldo nada desdeñable. Desgraciadamente, esto supone continuar trabajando en colaboración con Petronio, que tantos problemas le ocasionó en Tres manos en la fuente, pero Falco no tiene mucho donde elegir y este empleo puede ser la oportunidad que siempre ha estado buscando.
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