Pepín Bello compartió amistad con Buñuel, Lorca y Dalí, pero también con Alberti, Prados, Bergamín, Gerardo Diego, Salinas, Cernuda, Guillén, Villalón y tantos otros. Fue ágrafo, y de ahí su mito. Como había ocurrido siempre con los bohemios míticos por ágrafos, lo que sus amigos recuerdan de él es su capacidad verbal: juegos de palabras, parodias, "anaglifos" y, sobre todo, títulos ocurrentes de obras que nunca se escribieron. El "cuento putrefacto" que aquí se publica fue dedicado a uno de sus sobrinos-nietos mucho después de aquellas aventuras, y representa un compendio magnífico de la "sustancia" -buitres, animales podridos y carroñas transportadas maliciosamente al deseo infantil y a la buena educación familiar- y del "tono" -una asombrosa levedad literaria- de Pepín Bello.
Lesen Sie mehr