La poesía es cosa de mestizos. Y no todos, y no siempre, la escriben. Abrazado por el cuerpo de la madre tierra, a veces al mestizo le basta con jugar con palabras, con formas ajenas. Jugar a que se es otro, jugar a que se es libre. Pero se queda huérfano. Sara Luna es canción de huérfano. Y es canción de regreso, Sara Luna. No el regreso de un hombre, porque Tom nunca ha estado en Tiu Chacra; el regreso de una estirpe, del espíritu de una estirpe que desanda el camino para calmar la herida, para dar un sentido a la separación. Tom vuelve a Tiu Chacra y lo primero que «ve» son oraciones mudas que elevan las cruces del camposanto. Porque no sólo los vivos les rezan a los muertos; también los muertos rezan, velando, por los idos. Quién sabe si los muertos no lo han traído hasta acá. [?] LEOPOLDO BRIZUELA
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