El suboficial mayor Ebernhard Nock se incorporó y abrió los ojos. Estaba sentado en el bosque, desnudo, y envuelto en un viejo capote raído. Con la resaca, no se explicaba cómo había acabado así. Pero Mock sabe que, si a uno le gusta beber, hay ciertas cosas que es mejor no explicarse. Lo único que le interesa ahora mismo son las mujereres, y especialmente las mujeres por las que se puede interesar un policía de la sección antivicio. el capitán Heinrich M:ulhaus, de la Brigada Criminal de Breslau, reclama a Mock para que identifique a dos de ellas, que hanáaparecido estranguladas con un cinturón.
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