Los números rojos que iban ascendiendo se detuvieron en la séptima planta. Se abrieron las puertas metálicas en forma de telón, y se dejó entrever la figura de un hombre aparentemente organizado, impoluto, dispuesto y apuesto. Así de simple y sencilla, fue la escena que desencadenó el relato de esta historia, la historia de Cristina. Ni la vida, ni la edad, ni las experiencias vividas, ni tan solo unas palabras salidas de un corazón vivo, te dan la plena facultad para juzgar a una persona que te mira a los ojos.
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