Inclinándome, sí, al clima de los años, al peso de las ruinas de la ca rne, encorvado en mis carencias, como el sauce que roza en la corrient e el reflejo fugaz de lo vivido. Inclinándome, sí, con reverencia, ag radeciendo la presencia del escaso auditorio, el temple y alegrías que me han dado en esta feria bufa, ignominiosa. Inclinándome, sí, ante el misterio y su verdad ambigua y su belleza fugitiva y ciega, no con rendida servidumbre sino con refinada cortesía. Y cuando la certeza a l fin se imponga de que no habrá más horas ni más días, salir como una sombra salir, pero inclinándome, salir sin titubeos de la escena. "I nclinándome" de José Luis Parra.
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