Un apacible viudo se enfrascó tanto en la lectura de cómics que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el cerebro de manera que vino a perder el juicio. Se le llenó la fantasía de todo aquello que leía en los tebeos, así de conspiraciones y complots como de superpoderes, batallas, venganzas, mutantes, bombardeos, amores, tormentas y disparates imposibles; y se le asentó en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de soñadas invenciones que leía. Rematado ya su juicio, vino a dar en el más extraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo, y fue que le pareció convenible y necesario hacerse superhéroe y andar por el mundo convertido en el capitán Carpeto, vestido con leotardos, capa y un orinal en la cabeza a modo de casco.
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