He vivido y recorrido caminos acumulando historias. Me hubiera gustado ser un vagabundo sin tener dónde volver ni punto de amarre. No tuve el valor de serlo, pero sí la cobardía de volver al pesebre, al lugar seguro. Me limité a contar mis historias a personas con las que tropecé en el camino, en campamentos de niños, en residencias de ancianos para ayudarles a pasar sus horas o minutos de soledad. Me pagaron bien, me regalaron sonrisas, manos, abrazos y la palabra «¡Vuelve, caminante!»..., pero no volví.Nunca vuelvo donde fui feliz o desgraciado. Volver sirve para sentir que esa felicidad no volverá o asumir el riesgo de que esa desgracia te descubra y quiera perseguirte. No vuelvo nunca. Busco ver, escuchar, tocar algo nuevo para poderlo contar.La vida me ha amarrado al puerto de salida. Decidí escribir estas historias para que las leas o las cuentes a quien le guste más escucharlas en tu voz que seguir las líneas de letras que las narran.Me hubiera gustado ser vagabundo y que mi vida fuera un permanente caminar. Me hubiera gustado vivir en el camino y morir en él también.Si lees estas historias, vuelvo a vivir.
Lesen Sie mehr