Aquí verán flotar las palabras como si fueran restos denaufragio. Algunas ríen, otras llevan cosida su queja con hilode oro. El duelo por las ciudades perdidas, por las lenguasolvidadas, por los hijos sin patria y los padres sin cuerpo.Cada sección es una tienda distinta del bazar: está el rincóndel absurdo burocrático global, la carpa de los guerrerosdesgastados, la trastienda de la memoria donde se conviertenlos recuerdos en conjuros, y el puesto de los poetas errantes,donde Whitman y Sor Juana beben del mismo vino mientrasGinsberg se lía un porro entre las jaimas. ANTONIO RÓMAR
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