Desde pequeña me llamaban Mariposa: siempre moviéndome, siempre distraída, siempre sintiendo demasiado. Hoy sé que ese aleteo no era solo energía, sino una mente neurodivergente buscando su lugar. Este libro es mi camino, no el único, ni el que todos deben seguir, pero sí un abrazo a la niña que fui, a la que necesitaba ser vista y entendida. Y ojalá, en estas páginas, alguien que también se sintió "demasiado" encuentre un eco, un respiro o una luz que le recuerde que nunca estuvo dañado, solo estaba aprendiendo a volar distinto.
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